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Ese humilde pollo asado

26 de Enero de 2016

 El pollo gamberro, un asador que renueva un plato históricamente maltratado en Madrid


El mediático chef Sergi Arola ha visto un hueco en el mercado y ha abierto El Pollo Gamberroen Barquillo, 34. La idea de su local de Chueca es sencilla: cocinar pollo ecológico procedente del mercado de San Antón asado en horno de carbón, dando la posibilidad de llevárselo o comerlo allí. Se agradece la iniciativa, porque aunque en los últimos años se han renovado y dignificado platos ignorados, uno de los que faltaba por actualizar es el pollo asado.

En Madrid se cuentan con los dedos los lugares donde es posible encontrarlos crujientes y jugosos. Los hay en panaderías que aprovechan sus hornos para asar pollos por encargo o lugares como Casa Mingo (paseo de la Florida, 34); La Villa del Narcea en Chamberí (Fernando el Católico, 4)—, o El Murciano (calle de Valencia, 18), en Lavapiés. Son locales tradicionales hasta el extremo, tan excepcionales que se reconocen por las colas que se montan los fines de semana buscando pollos para llevar, una tradición familiar los fines de semana.

Porque aunque hay asadores en casi todos los barrios, en muchos parece que en vez de cocinarlo le tienen manía al pobre bicho. Se tiende a abrasarlo y aterroriza la pregunta “¿con salsa?”, que suele poner al cliente en la disyuntiva de llevarse la zapatilla reseca o sumergida en un líquido que parece una sopa de extraña procedencia. Es posible que en el futuro el pollo asado corra la suerte de la hamburguesa, ejemplo de cómo algo a lo que se miraba por encima del hombro se ha transformado en un plato gourmet.O la de la humilde tortilla de patatas que recibe tanta atención que se discute hasta el último detalle. Hay foros dedicados en exclusiva a cuestiones tan trascendentales como la forma de cortar la cebolla. No, no se vislumbra acuerdo.